(así se mata la poesía)
Te sienta tan bien la soledad, te queda tan bien estar sin mí.
cuando te veo caminar ahí y yo no estoy a tu lado recayendo por tu espalda, te ves como aquella vez que distraída vagabas por la avenida. Me recuerdas tantas cosas que mi memoria no termina de matar, y tantas cosas carecen de sentido que justo cuando pienso que puedo volver a sonreir a tu lado, me doy cuenta de que me gustaría verte sonreír sin mi.
No queda mucho por decir después de que bajas la mirada y las palabras de rigor hacen su trabajo, beso en la mejilla, la típica broma para romper el hielo -aunque solo descascare al iceberg- y lo suficiente para que el encuentro sea otro cliché de novela barata; un dejo de nerviosismo, una pizca de melancolía, esas sonrisas que evocan a la nostalgia, nuestro ánimo menesteroso... y los autos que pasan a nuestro lado. Te ves tan linda cuando no piensas más en mi.
Escéna única, acto estúpido sin título que lo defina, canción que crece y carece de sentido común, escrito tan innecesario, versión pasteurizada del desamor, intento fallido de narración de un día en la vida común y corriente, exaltación de una pena que no lo es tanto. Crónica de una muerte anunciada -este escrito es un crimen... perpetrado por tí.
